El restaurante

Tradición y sofisticación

El origen del proyecto

¡Nos han educado así!

Desde el Gironés para Helena, y desde los Alpes para Olivier. Lo llevamos en los genes. Somos creyentes de la Madeleine de Proust y del Ratatouille, de los recuerdos con aromas y de los gustos de la infancia. A dos pasos del Paseo de Gracia, vendemos los huevos de payés de Irene, la leche de Can Garriga, los melocotones de Calanda, los feos de Tudela, el té de Mariages, el aceite de Reus, el albariño de Robustiano y el Reblochon de Michel. Se pueden llevar a casa o se pueden degustar en nuestras mesas donde intentamos hacer realidad un sueño: transformar en felicidad productos cargados de historia.

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El sifón es un símbolo genuino de unos años en los que el vermut era indispensable y las largas sobremesas obligatorias.

Helena pasó los dos primeros años de vida en una fábrica de sifones. Fue en Girona, en el año 1876 cuando Agustí Garriga Mundet, bisabuelo de Helena y farmacéutico de profesión, encontró en Paris un utensilio capaz de aliviar las digestiones pesadas: el sifón de agua carbonatada. Así empezó la historia de los sifones de la familia Garriga. Tres generaciones más tarde, los sifones que teníamos por casa nos inspiran a perdurar la tradición y encontrar productos auténticos, naturales, hechos con las manos y con el corazón y a compartirlos en un entorno muy personal, muy casero y espontáneo… como en la cocina de nuestra casa, en La Cuina d’en Garriga.

Pasión por la gastronomía

Una cuidada selección de ingredientes y productores

No hay nada mejor que un buen tomate y nada mejor que un buen payés que respete su tierra.

En nuestra casa los tomates saben a tomate y la fruta madura en la planta.  Para nosotros, el mejor mes para el tomate suele ser septiembre porque se encuentran en su punto óptimo. En octubre llegan los primeros ceps, y luego los robellones que servimos a la plancha con una butifarra de Can Rovira, una casa y una família excepcional. Can Rovira vende lo que producen padre e hijo en su granja de cerdos Duroc, el otro hermano es cocinero y tiene una estrella Michelin en el mismo pueblo de Sagás (Berguedá). Nuestros panes están hechos con harinas francesas molidas en piedra, amasados a mano y con largas horas de fermentación antes de ser cocidos en un horno de leña. Los hace Anna que estudió en la misma escuela que Helena en Girona. Para encontrar burrata nos vamos hasta Bari en la Puglia donde nos encontramos con Giuseppe… Y así podríamos seguir con cada uno de nuestros productos.

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El alma de La Cuina d’en Garriga

Todo empezó con Jérôme, nuestro sommelier originario de Strasbourg.

Entonces éramos sólo una pequeña tienda-colmado. Helena dio un beso al primer cliente. Jérôme se fue pero sigue viniendo a saludar cada año por Navidad. Ahora la familia es un poquito más grande, pero seguimos organizando salidas nocturnas. Quizás no lo suficientemente a menudo, pero cuando vamos, vamos. Sala, cocina, la pica y Herminia encargada entre otras cosas de dejar la casa impecable.

Siempre nos repetimos que estamos al servicio del cliente y que una persona que entra en nuestra casa es una persona que sale con una sonrisa. Es un trabajo en el que se debe cuidar cada minuto y si no es así, no lo habremos hecho bien. Agradecemos cuando nos lo dicen de viva voz porque una buena critica es la mejor manera de seguir alimentando nuestra pasión de transformar en felicidad productos cargados de historia.

 

La carta

Estos son los clásicos de La Cuina d’en Garriga, los que nunca pueden faltar en nuestra carta, los que no puedes dejar de probar. Recetas de siempre con un toque innovador que crean sabores que te sorprenderán. Sólo con una cuidada selección de los ingredientes, auténticos, naturales, hechos con las manos y el corazón, podemos crear platos con un sabor tan único.

La tienda

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